El mercado de la tierra como producto político
Para adentrarnos a hablar del mercado de la tierra agrícola en Chile tomaremos como premisa teórica el que los mercados son una creación de la política. Esto quiere decir que su “arquitectura”, como señala Fligstein (1996), es siempre el producto de intervenciones políticas. En el caso del mercado de la tierra agrícola, este vínculo de dependencia entre política pública y mercado, entre coordinación estatal y coordinación producida por la competencia, no es tan evidente como en otros mercados, sin embargo, como muestra ampliamente la literatura revisada en el punto anterior, son múltiples los factores que inciden en los precios de los bienes y no ha habido un acuerdo aún respecto a cuales son los más decisivos, lo que muestra que se trata de un mercado que dista mucho de ser una competencia perfecta autorregulada. De ahí que, a partir de los estudios de la Cepal (2003) sobre el mercado de la tierra en Chile, retomaremos la tesis central acerca de la imposibilidad de hacer un análisis coherente del funcionamiento de los mercados rurales empleando hipótesis neoclásicas convencionales. El entorno económico rural se caracteriza por la imperfección de los mercados, la asimetría de la información y la incertidumbre. Además, la tierra, como bien que se puede transar, tiene características particulares que la distinguen de un bien económico común. La tierra, tiene un valor cultural que impacta directamente en la dinámica del mercado, pues está inserto en una historia local, en espacio de conflictos. Esto impone barreras a la expansión de la oferta (principalmente en la venta de terrenos) por parte de aquellos que son dueños de este activo.
En
ese sentido, consideraremos que son las decisiones y las luchas políticas las que
han construido y siguen construyendo este este mercado. Esto un sin duda supone
un quiebre con teoría neoclásica
Desde
la sociología, ya varios autores contemporáneos han cuestionado la teoría
neoclásica de funcionamiento de los mercados. White (1981), sugirió que los mercados no se definen por grupos de
compradores, así como tampoco están los productores obsesionados con
especulaciones en torno a la demanda, sino
que lo que hacen las firmas en un mercado es observar a la competencia, noción contraria a la asunción neoclásica
del anonimato de los actores. Granovvetter (2003) fue más lejos y extendió el
argumento al señalar que todas las formas de interacción económica estaban
centradas en relaciones sociales. Lo que él llamó el arraigo de los mercados.
Fligstein
(1996), por su parte, buscará argumentar y demostrar como las interacciones
entre la empresa y el Estado ha producido culturas únicas de producción
industrial en varios países y sin converger en una única forma. La pluralidad que se han encontrado en las estructuras de
los mercados a lo largo de los países observados, se contradice con la teoría
Neoclásica que los mercados van naturalmente eligiendo las formas más
eficientes, por lo tanto tienden a converger finalmente en una única forma.
Otra
diferencia desde esta perspectiva con el planteamiento de Harrison White dirá
relación con un rechazo a la idea de que
los mercados se auto reproducen y autorregulan. La propuesta de que los mercados son estructuras sociales en
las cuales los productores reproducen un conjunto de acciones, no satisface a
la teoría que ve a los mercados como productos políticos, en ese sentido, dirá Fligstein (1996), que los procesos de estabilización de los mercados son en sí mismos un proceso
político, los Estados deben crear un
conjunto de reglas a fin de estabilizar los mercados para las grandes
industrias. Tener leyes estables es a menudo más importante que el contenido de
esas reglas. Sin embargo, esas reglas sin duda que representan los intereses de
los grupos dominantes, los actores estatales no intentarán transformar esas
reglas a menos que los grupos dominantes estén en crisis.
Desde
Fligstein, la metáfora del "el mercado como política" tiene dos
aspectos: En primer lugar el autor ve la formación de mercados como una construcción Estatal. Los Estados modernos crean
las condiciones institucionales para que los mercados se estabilicen.
En
segundo lugar, el autor ve que hay una la
lucha por el poder dentro de la
firma y la lucha por el poder entre las firmas para controlar el mercado. Son
proyectos de control relacionados.
Bourdieu
(2001) también rescatará esa idea de los mercados como luchas políticas, y relacionándolo
con el segundo aspecto mencionado por Fligstein, sitúa dentro de los intercambios
con el exterior del campo al Estado como el más importante. En ese sentido se
rescatará la idea de Bourdieu de que la competencia entre empresas a menudo
asume la forma de poder sobre el poder
del Estado, sobre el poder de reglamentación y los derechos de propiedad.
Será muchas veces una lucha por las ventajas que puede implicar la intervención
Estatal. Las firmas ocupan su capital
social para cambiar las reglas del juego a su favor
En
Bourdieu (2001) hay un especial énfasis
en las empresas dominantes. Estas
deben esforzarse por mejorar su posición
global en el campo, pero sobre todo deben asegurarse de mantener la posición
conquistada.
La
paradoja vendrá de que a las elites les interesa excluir al Estado de la
propiedad de los bienes, pero buscan incluirlo en cuanto a la defensa de los
derechos de propiedad, en torno a la estabilidad de un mercado. Los Estados controlan la competencia y la
cooperación entre firmas.
Finalmente
es importante rescatar de este autor la idea de cómo los políticos trabajan en
los mercados a lo largo de varias etapas de desarrollo de estos. Estas etapas
de desarrollo serán la formación, la
estabilidad y la transformación. Planteamos que el proceso actual del mercado
de la tierra se podría corresponder con un período de estabilización, y ese
período de estabilización de los
mercados es en sí mismo un proceso
político.
La hipótesis de nuestro estudio
será que las empresas y los productores en este mercado no actúan de forma libre en busca de la eficiencia, sino que actúan de acuerdo a instituciones socialmente
construidas y orientadas desde el Estado. En ese sentido nos adentraremos e
investigar qué factores son los determinantes del
valor del recurso y niveles de precios observados, y cómo ellos son orientados
desde una construcción normativa estatal.
Una segunda hipótesis
será que en la última década existe una expansión de ciertos factores que aumentan el valor de la tierra. Muchos de ellos no ligados directamente a la producción
agrícola, como las dinámicas de crecimiento y redistribución poblacional, y la
urbanización y aglomeración. Estas dinámicas se observan no solo en torno a
las principales urbes, sino también en
comunas rurales con ciudades intermedias.
Todo
esto además en un contexto donde los antiguos referentes se han perdido, y
queda hoy en día una población rural que se debate entre nuevas formas de
acción colectiva o una adaptación forzosa hacia las lógicas de este nuevo
mercado que impone nuevas pauta hacia la distribución de tierras.
Referencias
Ossandón, J. (2012). ‘¿Cómo se hace un mercado? Agregue: formaciones sociales, conflictos políticos y economistas’, en Ariztía, T. (ed.) Produciendo lo Social, Ediciones UDP.
Bourdieu, P. (2001). Las Estructuras Sociales de la Economía. Manantial. Capítulo II. Principios de una Antropología Económica.
Fligstein, N. 1996 'Markets as politics: a political-cultural approach to market institutions', American Sociological Review 61(4): 656-674.
White, H. 1981 ‘Where do markets come from?’, American Journal of Sociology 87(3): 517-547.
Mitchell, T. (2005). ‘The work of economics: how a discipline makes its world’, European Journal of Sociology, 46 (2).

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ResponderEliminarFab.-